Monté Seichō porque estaba hasta las narices de ver cómo se frustraban los empresarios a plena luz del día. Iba a reuniones con dueños de negocio que se habían gastado miles de euros en agencias de marketing digital. Las agencias celebraban en sus informes mensuales que los anuncios tenían un "CTR brutal" y muchísimos clics.
Pero cuando yo miraba al empresario a los ojos, la realidad era otra: la cuenta del banco no subía, los comerciales estaban quemados llamando a teléfonos falsos de curiosos sin presupuesto, y los pocos leads buenos se morían de risa en una bandeja de entrada porque nadie les contestaba a tiempo.
El marketing tradicional solo se preocupa de hacer ruido. Te tiran leads a la cara y se lavan las manos.
Ahí es donde entendí que el problema de las empresas no es la falta de marketing; es que tienen un colador por embudo. Decidí crear Seichō — que significa crecimiento constante — para dejar de vender humo creativo y empezar a construir tuberías de dinero blindadas.